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Acerca de anti-VEGF 
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En los primeros experimentos, los investigadores se preguntaban si era necesario aplicar la angiogénesis en los casos de crecimiento canceroso. Los científicos extirparon un tumor canceroso de un animal de laboratorio e inyectaron algunas de las células cancerosas en un órgano no afectado extraído de la misma cepa del animal. Luego, se colocó el órgano en un compartimiento de vidrio y se bombeó una solución de nutrientes en el órgano para mantenerlo vivo por una o dos semanas. Los científicos descubrieron que las células cancerosas crecían hasta convertirse en pequeños tumores, pero no lograban conectarse a los vasos sanguíneos del órgano. Consecuentemente, el crecimiento tumoral se detuvo en un diámetro de 1-2 mm. aproximadamente. Sin aplicar la angiogénesis, el crecimiento del tumor se detuvo.

En otro experimento que tenía como objetivo descubrir si el crecimiento canceroso podía continuar cuando ocurría la angiogénesis, los investigadores compararon el comportamiento de las células cancerosas en dos regiones del mismo órgano. Ambas regiones en el ojo contaban con nutrientes disponibles, pero solamente una podía soportar la angiogénesis. Los científicos descubrieron que la misma inyección inicial de células cancerosas había crecido 1-2 mm en diámetro y luego se detenía en la región que no tenía vasos sanguíneos próximos, pero crecía mucho más de 2 mm cuando se la ubicaba en el área en la que la angiogénesis era posible. Con la angiogénesis, el crecimiento del tumor continuaba.

En un experimento que tenía como objetivo descubrir si las moléculas de las células cancerosas o de los tejidos huéspedes que las rodeaban eran responsables de iniciar la angiogénesis, los científicos implantaron células cancerosas en un compartimiento unido por una membrana con poros demasiado pequeños como para que las células pudieran salir. Aun en estas condiciones, la angiogénesis comenzaba en la región que rodeaba al implante. Pequeñas moléculas activadoras producidas por las células cancerosas debieron haber traspasado el compartimiento e iniciado la angiogénesis en el tejido que lo rodeaba.

Una vez que los investigadores supieron que las células cancerosas podían liberar moléculas para activar el proceso de angiogénesis, su próximo desafío fue localizar y estudiar estas moléculas que estimulaban la angiogénesis en tumores presentes en animales y humanos.

De tales estudios, se identificaron como “angiogénicas” a más de una docena de proteínas diferentes, así como a varias moléculas más pequeñas. Esto significa que los tumores las liberan como señales de la presencia de angiogénesis. Entre estas moléculas, dos proteínas parecen ser las más importantes para mantener el crecimiento tumoral: el factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF) y el factor de crecimiento fibroblástico básico (bFGF). Muchos tipos de células cancerosas producen VEGF y bFGF, así como también los producen ciertos tipos de células sanas.

El descubrimiento de los inhibidores de la angiogénesis plantea la cuestión de si tales moléculas podrían detener o refrenar en forma terapéutica el crecimiento del cáncer. Los investigadores han abordado este tema en numerosos experimentos con animales. En un estudio asombroso, se aplicaron inyecciones de endostatina a ratones con diversos tipos de cáncer. Luego de algunos ciclos de tratamiento, el tumor (primario) inicial que se había formado en el área de las células cancerosas inyectadas desapareció casi por completo, y los animales no desarrollaron resistencia alguna a los efectos de la endostatina tras su uso en repetidas ocasiones.

 
 
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